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ORIENTACIONS PER A LES FAMÍLIES

Rabietes

¿Qué son las rabietas?

Muchos padres y madres se habrán encontrado ante situaciones como la de:”Mi hijo no nos hace  caso, me da problemas para ir a acostarse, no se deja vestir, continuamente se enfada y grita cuando le decimos “No” a alguna cosa que quiere …….”.Y  no sabemos qué hacer.

Sin duda nos encontramos ante una rabieta que se da porque el niño no consigue lo  que quiere. Desde  pequeños los niños aprenden que el lloro  es uno de los mejores recursos para reclamar la atención de los padres. El problema surge cuando el niño lo utiliza intencionadamente   para conseguir sus objetivos. Cuando el niño obtiene lo que quiere  de los padres (su recompensa), deja de llorar o gritar y a su vez los padres  ven con alivio como desaparece  la incómoda conducta del niño. Así, el niño domina la situación y dirige la solución de los conflictos. Es el hijo quien educa a los padres.
De esta forma se crea un mecanismo que, de no evitarse a tiempo, será difícil desmontar. Si estos procesos de recompensa no se encauzan adecuadamente la simple rabieta podría convertirse en un problema más grave de la conducta.

 Por otra parte y aunque resulte paradójico, cabe  decir que las rabietas se consideran una parte normal del desarrollo del niño de 1 a 3 años y la tendencia es a la desaparición hacia los 4 años.

Así  pues, podríamos decir que  las rabietas o berrinches, son comportamientos mediante los que el niño manifiesta su incapacidad para hacer o conseguir algo que desea.

¿Cómo actuar ante una rabieta?

Lo más importante es enfrentarse a ellas con una actitud de tranquilidad, conservar la calma y el control. Muchas veces si los padres no actúan con serenidad, sin darse cuenta están educando a su hijo mediante la imitación a resolver los conflictos de forma no apropiada, pues el niño aprende mediante imitación de los modelos paternos.

 El niño no debe percibir que su conducta altera a sus padres, que les incomoda, que existe una discordancia entre lo que sienten y lo que dicen. No podemos enfadarnos y, gritando, aclararle: “¡no me importa cómo te pongas, así no vas a conseguir nada!”; porque estamos mostrando que “algo” sí ha conseguido.  Tampoco hay que intentar razonar con el niño en el momento de la rabieta, porque en ese momento no nos escuchará y  por supuesto, no debe concedérsele lo que quería, para no reforzar su conducta, como tampoco conviene ofrecer premios o recompensas para que abandone su rabieta .En todo caso no hay que ceder ante ella .Es muy importante mantenerse  en la decisión adoptada hasta el final, hasta sus ultimas consecuencias.

Al inicio de la  rabieta pueden ser de mucha utilidad, distraer al niño desviandosu atención hacia otra actividad u objeto. Si no se logra controlar la rabieta y los padres  intuyan que se trata de una llamada de atención inapropiada, deben dejarle claro lo inadecuado de su conducta, ¿cómo?: -no prestándole atención, ignorándole. Para ello adoptaran  una actitud de indiferencia y hacer como que se ignora la conducta del niño, para lo cual no debe manifestarse enfado, ni deben hacerse promesas o proferir amenazas. Porque el niño, con la rabieta, pretende llamar la atención y si hacemos todo eso, aunque no consiga aquello que motivó el berrinche, de algún modo habrá salido ganando y, sin querer, podemos reforzar ese comportamiento o sea le “enseñaremos” a tener más rabietas.

Es conveniente intentar que se tranquilice  .Si se encuentra en casa, llevarle a su habitación y aislarle de toda actividad durante unos minutos. En ese período no hay que hablarle, regañarle, amenazarle, etc. Si la rabieta  ocurre en un sitio público, procure llevarle a un sitio tranquilo y si fuera necesario contenerle físicamente porque presente una actitud violenta, procure sujetarle pero sin hablarle ni mirarle. Una vez que se ha pasado el berrinche, no se le debe castigar ni gritar, sino darle seguridad y afecto, pero sin mimarle en exceso ni darle ningún tipo de premio, explicándole lo inadecuado de su comportamiento.

¿Qué se puede hacer para evitarlas?

Establecer normas razonables, claras y coherentes y no cambiarlas, para que el niño conozca perfectamente donde están sus límites. Las reglas deber ser siempre las mismas y también independientemente de que quien esté en ese momento al cuidado sea el padre o la madre.

Reforzar los comportamientos positivos. Es decir, entre otras cosas hacerle caso y alabarle cuando su conducta es la adecuada. Es niño busca la atención de sus padres y si la consigue sobre todo cuando hace “cosas malas”, le estaremos indicando que ese es el comportamiento que debe repetir para conseguir que le dediquemos más tiempo.

-Enseñar con el ejemplo, evitando gritar o discutir delante del niño. El niño pequeño aprende directamente de los padres también cómo responder ante los conflictos. Siempre que sea posible, ofrecer al niño la posibilidad de elegir entre varias opciones disponibles.

-Dale “responsabilidad“, lo cual es esencial para su crecimiento. Las tareas deben estar dentro de sus capacidades aunque requiera supervisión.

        Julia Abril Francés

     Orientadora SPEs Alzira

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